Apps que ponen límites a la huella digital de los menores

Snapchat

Mucho ha llovido desde que James Bond naciera de la pluma de Fleming en 1952. Casino Royale, la novela en la que este personaje vio la luz por primera vez, está plagada de la intriga, la acción y el misterio propios de las novelas de espías, típicas durante la Guerra Fría. Aunque la inteligencia y la destreza eran cualidades imprescindibles en cualquier agente especial, la tecnología siempre jugó un papel clave en la lucha literaria entre Estados Unidos y Rusia, lo que lleva a preguntarse cómo sería un agente hoy en día.

Muchos interrogantes quedan en el aire para el común de los mortales, pero si de algo se puede estar seguro es que tendría un smartphone equipado con aplicaciones como Snapchat, que ya ha desbancado a Whatsapp y Facebook en descargas por su capacidad para autodestruir los mensajes tras ser leídos. Desarrollada por dos estudiantes de Standford como proyecto universitario -¿qué otro inicio podría tener una startup?-, la aplicación nació para desmitificar la perfección que exigen la mayoría de los perfiles de las redes sociales, compuestos por caras bonitas, sonrisas de anuncio y una feroz permanencia para la historia. Pero la vida real no siempre es así, y hay días en los que a uno le apetece soltarse la melena, hacer un poco el tonto y compartirlo con los amigos. Gira en torno al momento, en torno a una conexión entre amigos, y no solo a una foto bonita, se lee en su web.

Pero esta no es la única red que juega con el borrado automático de los mensajes. Wickr,que posibilita el envío de texto, audio, vídeo y documentos PDF, también goza de gran popularidad. Asimismo, Poke, una nueva aplicación de Facebook para dispositivos iOS, permite a los usuarios mandar mensajes privados que desaparecerán 1, 3, 5 o 10 segundos después de ser leídos.

Wickr

Espías aparte, lo que desvelan estas aplicaciones es la inquietud de una generación por borrar su huella digital en una época en la que todo parece de acceso público. El manifiesto si no estás en la red, no existes parece mover el mundo, pero el éxito de este tipo de programas subraya la necesidad de cierta parcela de privacidad que permita a las personas ser imperfectas, anónimas, divertidas, pícaras… en definitiva, personas.

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